Historia de amor por los bolsos

¡Hola, hola!

Seguro que vosotras también tenéis una historia de amor (o desamor) con los bolsos, ¿verdad? Hoy os voy a contar la mía.

Ya de pequeñita me gustaba jugar con el bolso de mi madre e, incluso, con el de mi abuela Veva. Me fascinaba curiosear y ver qué llevaban en ellos y hacer como que yo también “iba a hacer recados”. Por aquel entonces, ya sabía que algún día, cuando tuviera cosas “importantes” que hacer, yo también llevaría uno. Y así fue. Uno de los primeros que tuve era de ganchillo. Lo tejió precisamente mi abuela Veva y recuerdo que era rectangular con una solapa (al estilo maletín de cartero) y tenía un botón de madera.

 

Mis primeros pinitos en la compra del bolso los hice en las tiendas de pequeño comercio de Segovia y… (¡cómo no!) en Misako. La mayoría de los que me compraba eran negros y de charol. Sí, aunque parezca mentira, el charol me pirra. En los últimos años compraba en Parfois, Zara o incluso en tiendas online de segunda mano. Echando la vista atrás, me he dado cuenta de que solía invertir en un bolso nuevo cada seis meses más o menos (uno para otoño/invierno) y otro (más pequeño y ligero) para cuando llegaba el buen tiempo. Para mí era como un ritual: un bolso nuevo marcaba el comienzo de la nueva temporada y pondría el broche de oro a todos mis conjuntos. Tanto era así, que sentía que no me hacía falta ninguna otra prenda para sentirme a la moda durante esos meses. Ahora bien, todo esto viene a cuento porque esta semana ha hecho un año sin (ojo) comprarme (ning)uno*.

A algunas os parecerá poco; a otras, una barbaridad. El caso es que yo he pasado de invertir casi exclusivamente en bolsos (como digo, es una manera muy sencilla de actualizar tu armario) a eso: no comprar bolsos. *He de añadir que esta afirmación no es del todo cierta: en una entrada anterior sobre las rebajas de verano os conté que me había comprado un bolso de rafia y así es: ese es el único bolso que me he comprado este año.

Para mí ha sido un cambio bastante significativo por eso mismo, porque casi era en lo único en que invertía y porque los bolsos me encantan. Pero no solo ha sido un cambio, ha sido un paso hacia adelante, una mejora enorme: siento como que me he desintoxicado.

Todo empezó el año pasado por estas fechas. En el cambio de armario y la limpieza que suele acompañarle, de repente me vi con demasiados bolsos. Empecé a tirar de memoria y me di cuenta de que no me ponía ni la mitad. Quité algunos y guardé otros y ahí se quedó la cosa. En octubre descubrí el armario cápsula y fue entonces cuando muchas cosas empezaron a hacer clic. El tema de los bolsos fue uno de los primeros que tuve claro desde el principio: me propuse sacarles más partido a los que tengo. Con el tiempo, y el hecho de que el armario cápsula me llevara al método konmari y este a intentar llevar una vida más sencilla (con menos cosas), fui descubriendo lo bien que me sentía al utilizar más los que ya tenía. Y entonces el círculo se cerró: el bienestar que me empezó a generar repetir prendas y cuidarlas y mimarlas ha sido la mejora más sorprendente de esta aventura. Y de repente ya no siento esa necesidad imperiosa.

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Con todo, además, he descubierto las compras de segunda mano. El bolso de las fotos no lo compré, pero sí es de segunda mano: era de mi madre cuando era joven y no me lo he quitado en todo el año (excepto en verano, que he usado el de rafia que os comento). Me gusta porque es negro, con un corte atemporal y un detalle original (su forma).

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Además, durante todos estos meses he aprendido mucho sobre mí misma y los bolsos; os lo resumo:

  • No me gusta nada hacer cambios de bolsos, porque siempre se queda algo por el camino: que si los pañuelos de papel, que si el cacao, que si el tarjetero…
  • Con un cambio antes de cada temporada tengo suficiente (¿para qué necesito entonces comprarme más bolsos?).
  • Me agobia lo que ocupan en el armario: ¿dónde los guardas?
  • Me gustan los bolsos prácticos: han de valerme tanto para ir informal, como para un look algo más de fiesta (entiéndase aquí “fiesta” en el sentido que más aplica a mi persona).
  • No nos dan tiempo a pensar y descubrir qué queremos. ¿A qué me refiero? El mundo de la moda y las tendencias va a tal velocidad que no nos “dejan” pararnos a pensar y reflexionar qué queremos, no solo en lo que respecta a los bolsos, sino en general todo lo relacionado con este mundo. Con cada nueva temporada, nueva pasarela, nueva colección nos dicen o nos dan pensado lo que vamos a/tenemos que querer. ¿Os habíais dado cuenta? Esto, junto a los mensajes constantes que calan sin darnos cuenta y los millones de exigencias en torno a cómo tenemos que ser las mujeres forman el cóctel perfecto para que la industria de la fast/beauty fashion tenga éxito. Ahí queda esta reflexión…

Ahora bien, tras todo esto sí que reconozco que he notado una ausencia en este sentido: me gustaría encontrar un bolso cruzado negro, de tamaño mediano (en el que quepa al menos una botellita de agua y una libreta), rectangular (en el de mi madre no se puede guardar todo lo que me gustaría), con la correa no muy ancha y aire clásico. Lo tengo en mi lista y llevo tiempo recopilando información e inspiración acerca de lo que quiero. Vamos, que ya tengo muy claro lo que quiero, cuánto quiero invertir y en qué tipo de material. Así que, hasta que dé con él (sin prisas), seguiré utilizando este de mi madre (y los otros que tengo en mi armario). Esto no significa que cuando lo encuentre vaya a dejar de utilizar los que tengo, al contrario: pasará a formar parte de mi colección de bolsos mimados y usados una y otra vez.

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¿A vosotras también os pasa que os ha llegado a agobiar la cantidad de bolsos que tenemos? ¿Qué os parece todo esto? ¿Cuál es vuestra historia? ¡Contadme!

Abrazo,

Sara

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Inspírate en el cine: Animales nocturnos

¡Hola!

Este domingo, y antes de que lleguen las lluvias de otoño, os traigo una nueva entrada de Inspírate en el cine. Como sabéis, el objetivo es encontrar inspiración en el cine que nos sirva para nuestros looks.

Hoy quería hablaros de una película de la que me quedé con algún que otro detalle que inspirarán mi otoño: Nocturnal animals (Animales nocturnos). Se trata de una película de 2016 de Tom Ford. Sí, sí, habéis leído bien: el diseñador. No quiero contaros mucho de la trama (porque si no la habéis visto estáis tardando en verla), así que voy a ir al grano. Esta película combina el misterio, la intriga y el suspense con una puesta en escena que roza la perfección estética, de una belleza exquisita y minimalista que va de la mano de la visión que el diseñador tiene del mundo y que plasma en sus creaciones. La protagonista es Amy Adams. He de decir que me encanta Amy Adams; es una actriz que conmueve a la vez que transmite serenidad. Además, su belleza clásica me cautiva. En el filme, Amy es una galerista muy elegante que se rodea, como digo, de perfección, pero cuya realidad dista mucho de ser perfecta. Es más, se trata de una realidad que esconde una vida personal tumultuosa, llena de miedos, inquietudes y ansiedad.

Os dejo aquí algunos planos para ir abriendo boca con los comentarios y detalles con los que me quedo.

– Prendas minimalistas; apología estética del clásico conjunto en blanco y negro. Blusas básicas, pero con un detalle moderno, como la manga acampanada.

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*Foto de The New York Times, “Review: ‘Nocturnal Animals,’ Brutality Between the Pages and Among the Fabulous” .

 

– Las cejas tupidas y el maquillaje (aparentemente) inexistente; el pelo por dentro del jersey de cuello alto. No sé qué pensaréis vosotras, pero a mí me chifla.

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*Fotograma del segundo tráiler; lo puedes ver aquí.

 

– El verde perenne, verde naturaleza, verde oscuro, que sin duda veréis esta temporada de otoño-invierno en las tiendas.

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*Pinterest.

 

– Los ojos ahumados, con sombras entre ciruela y gris oscuro, muy, muy sutiles, pero que alargan la mirada haciendo un guiño al delineado de los ochenta. El tono burdeos amarronado del pintalabios. MENCANTA.

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*Fotograma del tráiler; lo puedes ver aquí.

– El tostado ligeramente dorado de los párpados, definiendo, sin pretensiones. El tono de uñas: burdeos, borgoña casi negro, a juego con el labial. Impecable.

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*Foto de Cine y cine, “Crítica de Animales nocturnos”; disponible aquí.

– El pelo: parte suelta y parte retirada hacia atrás.

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*Foto de Butaca ancha, “Un vistazo a ‘Nocturnal Animals’ de Tom Ford”. Podéis leer el artículo aquí.

 

– Las gafas: muy Tom Ford, muy seña de identidad. Recuerdan a las que lleva Colin Firth en Un hombre soltero, otra obra del diseñador que, de nuevo, es una delicia estética. 

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*Foto de https://doctorinsermini.com/2016/12/09/pobre-pobre-susan-nocturnal-animals/

Ains… No tengo más que añadir.

¡Nos vemos la semana que viene!

Abrazo

 

 

Hola, septiembre

¡Hola, hola!

¡Ya es septiembre! Uno de mis meses favoritos que da la bienvenida a mi estación favorita: el otoño.

 

Os preguntaréis qué ha pasado durante estos dos meses de verano en los que no he publicado nada. Os lo resumo:

  1. Verano = época de más trabajo (es más, en agosto he trabajado hasta tres fines de semana; menos mal que este año, por fin, me he cogido vacaciones, vacaciones de las de verdad —sin alquilar un puesto de coworking—).
  2. Verano = mil planes y compromisos sociales (que han ocupado el poco tiempo libre que he tenido).
  3. Verano = sudores (para entender un poco mejor este punto, véase “A mí tampoco me gusta la ropa de verano“).
  4. Verano = duermo peor (estrés por el volumen de trabajo, calor) y estoy más cansada (cuando no descanso bien mi creatividad no fluye y estoy de peor humor).

A todo ello se ha sumado que en las últimas entradas me vi redactando contenido unas horas antes de publicarlas, con lo cual el placer que obtenía al dedicarle tiempo y cuidado a este blog se estaba esfumando dejando hueco a la obligación y eso no me gustaba. Estas han sido las razones. Sentía que os/me debía una explicación.

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Pues bien, aprovechando la tranquila bahía que es septiembre y todas las nuevas oportunidades que brinda, quería volver a despertar vuestra curiosidad por el armario cápsula, bien porque estáis cansadas de ver el armario lleno, bien porque sentís que no tenéis nada que poneros. Ya os conté en lo que consistía la teoría y compartí con vosotras cómo me fue a mí la primera parte del proceso: hacer limpieza y aligerar tu armario.

Septiembre trae una nueva temporada y antes de hacer el cambio de armario os propongo hacer la gran limpieza inicial. Después, lo ideal sería estar un tiempo poniéndote la ropa que ya tienes para ir descubriendo realmente lo que te hace falta. De nuevo, septiembre es un mes perfecto para ello: todavía hace calor (sigues usando parte de la ropa de verano), pero algunos días y por las mañanas y por las tardes/noches ya refresca (por lo menos en Segovia), con lo cual empiezas a tirar de prendas más otoñales y a notar qué te hace falta. Además, parece que de repente nos meten con calzador las nuevas tendencias, los colores que se llevarán, las siluetas; nos dicen lo que queremos o necesitamos. Y es ahí donde podemos debemos tomar las riendas. Os aseguro que poner en marcha un nuevo “mecanismo” para relacionarte con la moda, las compras y la cartera marcará la diferencia. Entonces, como decía, date unas semanas para ver qué sientes que te hace falta y planificar tus compras para la nueva temporada. Durante ese tiempo, empápate de ideas, ojea revistas, navega: Pinterest, blogs, Instagram, etc. En otra entrada os contaré cuáles son mis fuentes de inspiración preferidas.

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Luego, sigue investigando: date una vuelta por tiendas de pequeño comercio, que siempre tienen prendas más especiales y diferentes o invierte algo de tiempo viendo qué ofrecen otras webs.

Por último, ¡no se te ocurra ir de tiendas sin tu lista de la compra! ¿Qué prendas vas a incorporar a tu armario? Pueden ser 2, 3, 5 o 27. Tú decides. Aquí, como os comenté hace tiempo, lo más importante es concretar: por ejemplo, un vaquero negro pitillo de cintura alta. Esa es una de las prendas de mi lista. Entonces, el día que decidí salir a dar una vuelta a ver qué traía la nueva temporada, fui con la intención de invertir en eso exclusivamente. ¡Y funciona! Lo sorprendente es que acaba resultando ser un proceso natural y cuando te quieres dar cuenta, has dicho adiós a las compras compulsivas. Como todo en esta vida requiere práctica, pero ¡qué maravilla comenzar a sentir que tienes el control y no malgastas tu dinero (contribuyendo así al consumo más responsable)!

¿Os sigue sin llamar la atención la idea? Esperad a que os cuente con más detalle qué bien se siente una al ver que siempre tienes algo que ponerte… Estos meses, además, hablaremos de entretiempo, de consumo consciente o responsable de moda, de bolsos, de cómo vestirte más fácilmente por las mañanas, entre otras novedades. ¡Hasta pronto!

Abrazo

PD.: Gracias, María, por las fotos (y por el día juntas).

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¡Rrrrrebajas!

¡Hola, hola!

¿Qué tal ha empezado julio? Espero que fenómeno. Nosotros bastante bien también, a pesar de la inestabilidad del tiempo. Hoy os hablaré de las rebajas (¡cómo no!), época en la que hemos de comprar (si es que queremos comprar) con más cabeza aun si cabe. No queremos invertir en prendas solo por el hecho de que sean más baratas y luego, a los dos meses, ya no nos las volvamos a poner. Si tenéis tiempo y os apetece incorporar alguna de las tendencias actuales barra atemporales os traigo tres propuestas en las que invertir.

R de rojo

Como os comenté en Sigue la pista a este rojo, el rojo anaranjado lleva unas temporadas ya llamándome la atención. Pues bien, si este año andas falta de inspiración te invito a que te pases por mi entrada y te impregnes de este tono, fresco pero a la vez eterno, porque el rojo no pasa de moda… Os animaría a que en caso de querer incorporarlo lo hagáis en pequeñas dosis en los complementos. Yo así lo hice, aunque en una gran dosis, puesto que estos zapatos (dermatitis incluida) no pasan inadvertidos. Por cierto, son cómodos y pegan con todos mis neutros.

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R de rayas

¡Me encantan las rayas! ¡Y más en verano! De todos los anchos y direcciones y combinaciones. Al igual que el rojo, las rayas no pasan de moda: pasarán los cortes y las formas de las prendas, pero no los estampados de rayas. Si estas rebajas quieres hacerte con algo de rayas, te aconsejo que inviertas en una pieza de corte más clásico para que sea una de las prendas clave de tu fondo de armario de primavera-verano que te puedas poner una y otra vez en próximas temporadas.

Te propongo que busques una camiseta de manga corta de algodón, de corte clásico que no sea pegada, y a rayas marineras. Por cierto, ¿quieres saber cuál es el origen de las rayas marineras? ¿Sabías que sí que tienen algo que ver con el mar? Te cuento: en 1858, la marina francesa comenzó a usar este estampado como el uniforme de sus marineros, ya que el diseño blanco y azul era fácilmente identificable, especialmente si alguno de ellos caía al agua. El diseño original era una camiseta con 21 rayas blancas de 20 mm cada una, separadas por rayas azul marino de 10 mm.

Os preguntaréis quién popularizó, años más tarde, el diseño e hizo de él un estampado eterno: pues sí, no podía ser otra: Coco Chanel. Después de un viaje a la costa francesa, la diseñadora se inspiró en el uniforme e incorporó rayas en su colección de 1917. No hace falta que os cuente el resultado.

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R de rafia

Esta tercera propuesta tiene más que ver con una moda más actual, pero que sin duda siempre ha estado muy presente en verano: la rafia o cualquier otra fibra natural. He escogido la rafia porque pegaba más en mi juego de palabras con la erre de esta entrada. En realidad, a lo que me refiero es que invirtáis en algún bolso o capazo de materiales naturales. Yo llevaba buscando algún bolso de este material desde el año pasado y finalmente me decanté por este: es grande, básico y práctico a la vez para llevar siempre conmigo una chaquetilla por si refresca (muy de Segovia esto) o por el aire acondicionado.

Espero que os haya gustado y que hagáis unas compras más conscientes estas rebajas.

Abrazo

A mí tampoco me gusta la ropa de verano

¡Hola, hola!

¿Qué tal la semana? Espero que bien. Llevamos unas semanas infernales de calor y yo lo llevo fatal: ponerte ropa con este tiempo es un suplicio. No aciertas nunca: que si te asas, que si el aire acondicionado, que si se cae el tirante, que si se ve el sujetador, que si bragas de color carne, que si vas de corto te pegas a la silla o dondequieraquesientestusposaderas. ¡Es agotador!

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Como podréis imaginar después de estas palabras, no me gusta mucho vestirme en verano. No es que prefiera ir desnuda —por eso de llevar mejor el calor—; es que, en general, no me gusta mucho la ropa de verano: en mi opinión suele ser menos elegante y estructurada y el aire boho no es para mí. ¡Qué le vamos a hacer! La entrada de hoy va sobre cómo buscar —y encontrar— tu estilo en verano, ir fresquita y, a la vez, sentirte cómoda.

Buscar y buscar

Este año me voy de vacaciones antes que ningún año (¡mañana!) y al hacer la maleta esta semana me di cuenta de que mi armario de verano se quedaba corto. Entonces, decidí invertir un poco de tiempo en pensar qué me hacía falta. Intenté ser lo más precisa posible para no distraerme en la tarea y, luego ya, buscar e investigar. Este sería mi primer consejo: sal de casa/siéntate delante del ordenador con una idea bastante clara de lo que quieres o necesitas y luego busca y busca. Con idea clara me refiero a que concretes qué necesitas: vaqueros cortos azul marino con flecos y bolsillos en la parte de detrás; camiseta negra con los hombros al aire, sin estampado y no muy larga; vestido por las rodillas de manga corta, blanco o rojo o con un estampado de flores o lunares, incluso rayas, pero en estos tonos; falda midi de rayas, que uno de los colores sea el blanco y que no se pegue; top azul marino de tirantes anchos, que no se pegue y que tenga algún volante. A esto me refiero con concretar.

En mi búsqueda de “algo más” (es decir, unos vaqueros cortos, algún top chulo o un vestido), decidí darme una vuelta por las tiendas (Pull&Bear, Mango, Sfera, Massimo Dutti… las más conocidas de Segovia, vaya). La vuelta resultó en eso, un volver al punto de partida porque pffffffffffffffffffffffffffffff. Lo curioso es que acabé algo enfadada conmigo misma: cuando no encuentras nada acabas diciéndote a ti misma que el problema son tus piernas, tu tripa o tus muslos, ¿a que sí? Y ahí el primer error: ¿contigo misma por qué? Aquí hay que entonar un ¡qué c***! bien hermoso. ¿Que algunas de estas marcas tienen ropa para cuerpos irreales? ¿Que hay muchas tendencias que no te van? ¿Que quién se pone eso? ¡Pues sí, ea!

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Estaos atentas que somos muy dadas a pensar que el problema lo tenemos nosotras y no es así: lo tienen ciertas cadenas de producción cuyos cortes y tallas no se ajustan a la realidad de la mayoría de la población. Llegadas a este punto… ¡busca alternativas!

Buscar alternativas

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Pinterest

Cuando tengas claro lo que necesitas, y si ves que en las grandes cadenas no lo encuentras, busca en tiendas diferentes, menos conocidas, con otros cortes de ropa; el pequeño comercio es una gran alternativa para esto: entra y sal sin miedo; pruébate y no compres hasta que realmente des con algo con lo que te sientas cómoda. Si vives en sitios donde la oferta es más limitada, tira de internet. Seguro que hay algo ahí fuera que se ajuste mejor a lo que quieres.

Recuerda: que no te tienen por qué valer los pantalones del Pull, que no tienes por qué llevar los shorts de twerking del Bershka ni ponerte tanto volante del Zara encima. Si no te convence lo que te venden, ¡buscar cortes más clásicos! Vestidos camiseros, camisas, camisetas de manga corta, vaqueros enteros (es decir, sin rotos)…

En definitiva, busca alternativas. Todo esto lleva más tiempo, sí, pero merece la pena. Igual que merece la pena invertir algo más de dinero quizá y tener uno o dos pares con los que en verano te sientas realmente cómoda, porque en verano, al destapar más nuestra silueta y con los calores, todo molesta más.

Con buscar alternativas también me refiero a probar prendas distintas. Os cuento mi experiencia: buscar unos shorts con los que me sienta cómoda sin enseñar medio cachete y cuarto de tete lleva años siendo una odisea. Soy bajita, sin apenas cadera y con piernas rectas así que todos me pingan y los que no, quedan demasiado cortos. Con lo cual, hace en los últimos años aposté por las alternativas que han aparecido en el mercado como los culottes o las faldas midi. ¡Qué descubrimiento! He de decir que este año estoy sorprendidísima: ¡he encontrado shorts del Pull de corte mom fit con los que realmente me siento cómoda!

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En esa búsqueda de alternativas también descubrí Asos. Se trata de una marca inglesa que, además, vende ropa de muchísimas otras marcas. ¿Lo guay? Que algunas de ellas están clasificadas en petite (para bajitas), tall (para altas) y curvy (con curvas). ¡Por fin un poco de sentido común!

Buscar inspiración

Pese a que no me entusiasma el verano (me cansaaaa, ya os lo he dicho, ¿verdad?), he intentado mejorar mi relación con el vestirme en estos meses buscando inspiración. ¿Dónde? Blogs, Instagram, Pinterest.

Os dejo aquí algunas fotos de conjuntos que me han inspirado.

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@alicecatherine

 

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@alicecatherine

 

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Pinterest

 

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@sophia_rosemary

 

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Pinterest

 

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@theannaedit

 

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Pinterest

 

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@thefrugality
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@funktionschnitt

Venga, que ya queda menos para septiembre, jejeje.

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Pinterest