Sigue la pista a este azul

Ese azul perla, grisáceo y empolvado… ¿Sabéis qué tono digo? Es el azul de algunos atardeceres de enero, de esos fríos, en los que durante el día ha brillado el sol; una mezcla entre el azul serenity y el gris que Pantone denomina orchid hush. Es un tono que, aunque frío, grita primavera, frescura, calma, pero a la vez es elegante y sencillo; para mí encierra una sensibilidad muy especial (siempre he sido de azules, también tengo que deciros). La entrada de hoy va sobre este tono, para que pongáis a punto vuestro radar y os fijéis en él la próxima vez que vayáis de tiendas.

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Powder blue, Pinterest

Es curioso como con el cambio de temporada me pasan estas cosas: comienza a llamarme muchísimo la atención ciertos tonos y de repente los huelo, los veo, me encuentran. Este azul, en concreto, lleva ya tiempo acompañándome en mi día a día: hace unos años pinté la pared de mi habitación así. Qué buena decisión, Sara… Además, es el tono del mar de mi querido mapa mundi de pared de Ikea, que está en mi habitación también.  La verdad es que me encanta levantarme entre azules y que lo primero que vea sea el mapa mundi. De repente, entre legañas, ahí está: el mundo de posibilidades que tenemos por delante.

Volviendo al estilo, esta primavera he incorporado este tono en mis conjuntos con una prenda un poco más especial, muy especial diría: una cazadora corta de pelo sintético, tipo bomber, pero con mangas japonesas; es divertida y genial para jugar con conjuntos más serios en entretiempo (he de decir que, aunque sea de “pelo”, abrigar, lo que es abrigar, no abriga; vamos, que es 100% de entretiempo).

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Como no es un fondo de armario, es una de esas prendas que actualmente dudaría si comprarme o no… a no ser que fuera con mi madre de compras y pagara ella; en ese caso, ¡ding! ¡Ding! ¡DING! Os imagináis quién pagó, ¿no? La compramos en Basilio Herrero, en Carbonero el Mayor (sí, a veces la vida en la provincia pone a tu alcance prendas únicas). La verdad es que me enamoré de ella nada más verla: es suavita, los detalles de la cremallera son en dorado y, aunque es talla única, me siento muy bien con ella. Os diría que cuando os gusten prendas que sean talla única os las probéis siempre: a veces te sorprenderá lo cómodas y lo que te puedes llegar a sentir con algunas.

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En este conjunto la combiné con una camiseta de manga larga de rayas bretonas azul marino de Zara (de hace años), mis queridas Converse blancas (bueno, ya casi amarillas) y un pantalón negro de pinzas de Mango, al que le di un aire más informal metiéndole los bajos. ¿Qué os parece?

Si os atrevéis a incorporar este azul con una chaqueta también, mirad esta de Zara.

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Abrigo Zara

En Sigue la pista a este rosa, decía que otra forma de incorporar tonos en tus conjuntos es con los complementos. Me encanta este bolso de corte minimalista de Parfois.

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Shopper Jungle Sunset, Parfois

Este de Zara también me gusta.

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Bandolera acolchada, Zara

Si sois atrevidas, os propongo estas sandalias. El corte es muy arty, muy los zapatos de mamá cuando era joven.

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Sandalia destalonada, Zara

¡Se me olvidaba! Con los pintaúñas también puedes incorporar este tono. Además, he encontrado el tono perfecto: Maximillian strasse her de Essie (es el que llevo en las fotos). Queda genial y con un top coat dura bastante. Acordaros del truquillo que os conté en Pasión de alérgica para haceros con tonos de Essie a mejor precio.

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Maximillian strasse her, Essie

Espero que hayáis afinado un poco vuestro radar e incluyáis este tono en vuestros armarios. ¡Contadme qué os parece!

Abrazo y ¡feliz semana!

Fotos (las mías) de Miranfú.

Pasión de alérgica (con sorpresa)

¡Hola, hola!

¿Qué tal? ¿Disfrutando del sol tras la lluvia? Seguro que sí.

La entrada de hoy tiene que ver con una de mis pasiones: los pintaúñas. Se podría decir que el gusto por los esmaltes es la culminación de mi obsesión por las manos. Me fijo mucho en las manos de la gente (en las manos y en las cejas, como bien sabéis ya). Me atrae cómo las movemos de muy diferentes maneras, cómo escribimos con ellas (escritura de la de verdad, de la de papel y boli), cómo las cuidamos, el (poco) valor que le damos… Definitivamente son un objeto fetiche para mí.

Las manos son muchas cosas. Son la herramienta de trabajo para muchos (si no para todos), permiten experimentar sensaciones y son reflejo de historias (en mi caso, la historia de que se parecían a las de mi abuela Veva y que mi abuela Veva vivía en Aguilafuente y que era una abuela de las de película…). Dicen, pues, mucho de nosotros; también en la comunicación no verbal. En mi caso, soy una persona bastante expresiva y uso mucho las manos cuando hablo (y cuando estoy nerviosa).

Os decía en la entrada sobre el salmón empolvado, que los tonos de uñas son una forma de incorporar colores (tendencia) a tu estilo. Os contaba también que habría una entrada sobre mi cápsula de esmaltes de uñas nude o neutros, porque soy muy fan de estos tonos. ¡Pues aquí está! ¡Empezamos!

Ivory beige, de Mavala

Es un beige en toda regla, un café muy largo de leche. Esta marca suiza no contiene parabenos, formaldehído (ni sus resinas), tolueno, ftalato de dibutilo (DBP) ni alcanfor (cfr.). Podéis encontrarla en El Corte Inglés (y creo que en algunas farmacias de Segovia también los tienen). Este tono, en particular, dura muchísimo y es uno de mis preferidos. Tengo bastantes tonos de Mavala y su duración es más que aceptable.

Berlin there, done that, de OPI

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Berlin there, done that, OPI

Es un color topo, como gris pardo. He de decir que me encanta y lo utilizo a lo largo de todo el año. Sorprendentemente, esta marca también está libre de las tres sustancias más tóxicas. Además, OPI es conocido por la duración de sus esmaltes. Este no dura tanto como otros de la marca, pero el acabado con dos capas y sin topcoat es espectacular.

Lady like, de Essie

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Lady like, Essie

Es un malva empolvado precioso, muy elegante. Los subtonos morados hacen de él el nude ideal, en mi opinión.  Y, ojo, que los morados en maquillaje vienen pegando fuerte. Sé que la mayoría de los esmaltes de Essie contiene ftalatos (si te interesa saber más acerca de esta sustancia, haz clic aquí), entre otras muchas porquerías. Para las que tenemos dermatitis alérgica de contacto, los pintaúñas pueden ser un problema. Lo sé, lo sé, lo sé; soy consciente, pero también así de incoherente (¡quién no lo es para algunas cosas!) y los uso a pesar de todo.

Eternal optimist, de Essie

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Eternal optimist, Essie

Es un tono nude rosa empolvado o maquillaje con subtonos morados. Ya os hablé de él en la entrada Sigue la pista a este rosa. Es el tono que más grita primavera para mí y de todos mis neutros es el más rosa. Los tonos de Essie, en general, duran bastante también y se aplican con gran facilidad gracias a su pincel.

Safari rose, de Fedua

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Safari rose, Fedua

Es un rosa salmón muy clarito que evoca los tonos rosados de la flor del desierto. Sép, finalmente cayó en mis manos un día que fui a The Singular Olivia. Además, como os decía, esta marca italiana no contiene ninguno de los 5 componentes más tóxicos. El esmalte se merece una entrada completa, así que os dejo con la intriga con respecto a mis impresiones.

He de decir que, uséis las marcas que uséis, intentéis dar una capa de esmalte protector debajo SIEMPRE; esto realmente evita que amarillee la uña. Además, luego es más fácil retirar el color.  Yo llevo años utilizando el esmalte doble acción de Couleur Caramel. En Segovia lo podéis encontrar en la peluquería Imagína-t, en la calle Curtidores, 3 (es mi peluquería y todo lo que usan al lavarte y cortarte el pelo es ecológico).

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Base double action, Couleur Caramel

Aprovecho y os cuento que se seca muy rápido y dura bastante sin que la textura espese y sea difícil aplicarlo; protege bien la uña y cuenta con el certificado ECOCERT: ¡yuhu! Merece la pena la inversión. Seguramente en otra entrada os cuente mis productos prefes para hacerte la manicura en casa (quitaesmalte, aceite de cutículas, etc.). Menos algunos esmaltes, como ya os digo, el resto de productos que uso para cuidar las manos y las uñas son todos más ecológicos (por eso este tema se merece una entrada completa).

Por último, ¡ahí va un consejo clave para hacerte con tonos de Essie más baratos. Si eres compradora habitual de amazon.es, estate atenta porque suele haber esmaltes de Essie con la categoría de Producto Plus. ¿Y esto qué significa? Pues que si haces una compra mínima de 20€  (en cualquier producto: libros, electrónica, ropa…) puedes adquirir un esmalte de Essie más barato (yo los he llegado a encontrar por 6€).  Es decir, en lugar de pagar 14€ por el esmalte (como te piden en algunas tiendas), aprovecha a hacerte con él cuando tengas algo que comprar en amazon: 20€ (compra) + precio rebajado del pintaúñas = total 26/27/29…, según las ofertas que haya del tono que estés buscando. ¿Me he explicado bien? Espero que sí.

Pues nada, ¡a disfrutar del domingo!

Abrazo

El pañuelo: la guinda de tu look

¡Hola, hola!

¿Qué tal ha empezado mayo? Espero que fenomenal. Hoy (por fin) retomo el tema del detalle del pañuelo de mano como guinda para tus conjuntos. En la primera entrada de Inspírate en el cine os contaba cómo me había inspirado la película Jackie. ¿Os acordáis? Si os la perdisteis, aquí podéis leerla de nuevo. En esa entrada, os contaba que los primeros planos del filme son de Jacqueline Kennedy con una gabardina y un pañuelo atado al cuello. Me encantó ese detalle y dado que uno de los objetivos del blog es conseguir que os inspiréis, vamos a ver cómo incorporarlo a vuestros looks.

Al cuello + neutros. Os pongo una instantánea de mi compi Saida (@shetalksglam), bloguera afincada en Cambridge. Su estilo es casual personal y fresco (which I love…), con un toque roquero y vintage.

@shetalksglam

Como veis, lleva un pañuelo rojo que es el toque de color del look. Me gusta que lo lleve anudado y que caigan los extremos. ¿La clave? Combinarlo con tonos básicos o neutros: dejar que sea el pañuelo el que lleve la voz cantante.

Cuando yo me lo pongo, lo suelo hacer con vaqueros. El pañuelo lo que hace es añadir un detalle como más elegante al conjunto informal. Trufa también es un detallazo en estas instantáneas (¡me la como!).

También os propongo otra idea: llevar un pañuelo un poco más largo, como si fuera una corbata. El aire masculino de la forma y los neutros contrastan con la feminidad y delicadeza de un pañuelo un poco más especial. MENNN-canta.

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Pinterest

Si queréis que el pañuelo sea un detalle aún más inesperado, podéis ponéroslo para atrás, como es esta foto. De nuevo, veis que lo combina con neutros y, en este caso, con prendas con cortes más interesantes y modernos, como un top que deja los hombros al descubierto.

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En el bolso + a tu aire. Si prefieres una opción más discreta, átalo al bolso. Sencillo. Fácil. Diferente. Da igual el tipo de bolso y los tonos, ya que para las personas que nos gusta el estilo y la moda este detalle no pasará inadvertido.

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Pinterest

En el pelo. Hazte un moño y átalo alrededor. Moño alto, moño bajo, coleta a cualquier altura… Vale para casi todo: para un conjunto informal, para ir a la playa, para salir a hacer unos recados, para recogerte el pelo mientras trabajas… Mi segunda propuesta es hacer del pañuelo la nota de color en un look sobrio y basado en neutros, perfecto para una reunión con un cliente.

 

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Me enamoré de este pañuelo (del año pasado, temporada primavera/verano de Parfois) por el contraste entre sus tonos y la trama geométrica. Me recordaba a los colores que usaba Faye Miller en Mad Men, uno de mis personajes favoritos de la serie. Tengo pensado elaborar una entrada sobre Mad Men para las nostálgicas, que como yo, no hayan superado el fin de la serie. Por cierto, en Parfois tenéis muchas opciones de pañuelos chulos de este tamaño: me gusta este en tonos amarillos (viene pegando fuerte el amarillo) y este por su inspiración abstracta, ambos con un aire a lo Matisse.

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Lo importante de todo esto es que lo hagáis a vuestra manera y disfrutéis experimentando con ello. La verdad es que por Pinterest o Instagram tenéis mil ideas más. ¡Aprovechadlas!

¿Os ha gustado esta entrada? Espero que sí. ¡Hasta la semana que viene!

Abrazo.

Fotos (cómo no) de Miranfú 🙂

Las cejas, bien naturales

¡Hola a todos! ¿Qué tal?

Hoy quería hablaros de cejas. Sí: CEJAS. Por qué de cejas pensaréis. Pues porque me encantan (aunque no siempre haya sido así). Como son una parte de mi rostro muy característica, me fijo mucho en las cejas de la gente. Os resumo mi historia de amor y odio en torno a las cejas.

Con 12 años o así era uniceja. Tal cual. Al tiempo, dejé que me depilasen la parte central y esa zona se fue despoblando hasta que mi expresión fue, digamos, peculiar (¿quién no tiene una foto de adolescente con las cejas hechas un cuadro?). No obstante, e incluso sin entrecejo, tuve que aguantar comentarios de compañeros de instituto relacionados con las cejas (vaya chorrada pienso ahora, pero ya sabemos lo duros que son esos años). Durante la carrera dejaba que me las depilasen en la peluquería. En aquella época se llevaban más finas. Mira que era difícil conseguir unas cejas finas con la frondosidad natural de las mías, pero sí, así fue. En los últimos años solo iba una vez al año a que me las arreglasen un poco y listo. Luego ya me encargaba yo de mantenerlas. Y en 2016 no he dejado que nadie me las tocara. ¿Resultado? Pues que tengo unas cejas naturales, frondosas y que me encantan. Es más, me quedan 2 cm para volver a ser uniceja (medido con regla).

Las cejas son una parte fundamental del rostro, definen la mirada y condicionan la expresión. Con el paso del tiempo y mi obsesión (positiva) por las cejas, me he dado cuenta de que se dan tres escenarios:

Escenario 1. Hay gente (muy afortunada) que tiene unas cejas naturales con forma y sin apenas pelillos en el entrecejo. Ese tipo de cejas no debería tocarse nunca bajo ninguna circunstancia (ni para quitar los pelos de la parte inferior). ¡Son preciosas tal cual! ¡PRECIOSAS! ¿Por qué no se habla lo suficiente de lo bonitas que son las cejas naturales? No me lo explico. Pero no pasa nada, ya os lo digo yo: ¡PRECIOSAS! Os dejo aquí ejemplos de mujeres reales cuyas cejas me apasionan (podéis seguirlas a todas en Instagram).

@lilypebbles | Youtuber londinense
@nikkideroest | Maquilladora profesional, LA
@theduchessana | Bloguera, fotógrafa y activista
@remagouyez | Bloguera londinense

Escenario 2. Las cejas finas por exceso de darle a las pinzas o depiladas por arriba y por abajo envejecen.

Escenario 3. Puede que las cejas tupidas sean una moda pasajera (soy consciente de ello), pero eso sí: una moda que a mí me ha venido al pelo (nunca mejor dicho) y que pienso interiorizar como política personal mía en pro de cuyo cumplimiento trabajaré toda mi vida. (Qué exagerada puedo llegar a ser…).

Así que nada, todo esto para deciros que no os dejéis depilar mucho las cejas (donde hay pelo…), que dejéis de depilároslas totalmente si sois de las afortunadas del escenario 1 (que sois la mayoría solo que se os ha estado diciendo lo contrario durante años) y que, de verdad, confiéis en vuestra forma y frondosidad naturales. Ah, y si te arrepientes de habértelas depilado mucho en algún momento, ¡no pasa nada! Como dice Laura Benito en «Si tuviera veinte me diría un par de cosas» nunca es tarde para dejar que crezcan de nuevo (merece la pena pasarse por esa entrada de The Singular Blog). Además, como comenté en mi primera colaboración con The Singular Blog de The Singular Olivia  (¡qué fuerte! ¡Qué fuerte! ¡Qué fuerteeeeee!), déjate crecer las cejas. Y añado: ¡a lo loco!

Abrazo.

Descargo de responsabilidad. Esta entrada contiene apreciaciones muy subjetivas. No tengo formación en estética ni ámbitos relacionados.

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Dos trucos infalibles para tu estilo

¡Hola, hola!

¿Qué tal? Después del descanso que me tomé la semana pasada y el tiempo que dediqué a reflexionar un poco, hoy quería compartir con vosotras esta entrada un poco más especial. Hablaré del proceso que me ha llevado a ver con más claridad cuál es mi estilo y compartiré con vosotras dos trucos infalibles para que descubráis el vuestro, porque como os comenté en la entrada sobre el azul marino, lo que más me interesa es que descubráis vuestro estilo.

A lo que iba, no podría decir que el proceso personal que me ha llevado hasta aquí haya sido lineal o provocado por algo concreto; ha sido, más bien, un cúmulo de cosas que podrían resumirse en dos palabras: cambio y conocimiento. Con el cambio (de empleo y de actitud, básicamente) y la perspectiva que te da el superar tus miedos, he conseguido transformarme. Al hablar de cambio y transformación tengo que recurrir a unas palabras que anoté del blog de Andrea Amoretti:

Transformarse es más que cambiar. Es […] sumar cambio al cambio. Y como por arte de magia vuelves a aparecer de nuevo. Sorprendentemente eres más tú cuando te transformas.

No podría estar más de acuerdo; que resuene: «sorprendentemente eres más tú cuando te transformas». Por ejemplo, nunca pensé que un estilo de pantalones como este me iba a hacer sentir tan transformada y, a la vez, tan yo misma (pese a que en palabras de mi chico fuera un «¿vas de torero hoy»).

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Todos estos años de hacer del cambio una constante me han llevado a probar, errar, volver a intentarlo e, inevitablemente, a conocerme más a mí misma. Todo ello ha repercutido en mi estilo y durante el proceso de pruebas y cambios me han funcionado estos hábitos:

> Leer a otras mujeres que escriben acerca de su estilo y otros intereses que compartimos (suscribíos al boletín de Andrea Amoretti; si no me canso de repetirlo será por algo, ¿no?).

> Buscar inspiración: Instagram, blogs, paseos por la calle, viajar, ver fotos de joven… Es increíble, pero en fotos antiguas veo reflejado un gusto más auténtico, apenas distorsionado por las modas y las presiones externas e internas. ¡Probadlo con esos álbumes vuestros de fotos reveladas que seguro tenéis en casa!

> Tirar ropa, principalmente prendas de las de «por si acaso».

> Empezar por lo que realmente te hace estar cómoda: en mi caso, deportivas, vaqueros y jerséis de punto y sudaderas.

> Ir de tiendas a probarte diferentes prendas y no comprar nada. ¿Qué conlleva esto? Dos cosas: la primera es descubrir qué prendas/texturas/cortes te gustan y la segunda, aprender a superar la presión derivada del sentimiento o la necesidad de agradar haciendo una compra.

> Evitar (y poner en duda) sentencias del tipo:

– «Eso no pega». ¿Qué es pegar para ti? No recurras a lo que te han dicho o te han transmitido acerca de lo que es que dos prendas peguen; en tu opinión, para ti misma, única y exclusivamente, ¿qué supone y qué importancia le das a que algo pegue? ¿Es algo que condiciona todos tus looks?
– «Eso no a mí no me queda bien». ¿Te lo has probado?
– «No tengo nada que ponerme». Mentira (y lo sabes); este es un mecanismo de evitación que os resultará muy conocido, ¿verdad? Un «no tengo nada que ponerme» esconde un «me quiero poner lo mismo que hace dos días (porque es con lo que actualmente estoy más cómoda)» o un «siento que necesito sentirme diferente». Menuda contradicción, ¿no os parece? Dadle una vuelta a esta idea porque la retomaré en otras entradas.
– «Demasiado masculino/ ancho/ grande/ voluminoso/ aburrido». ¡Ponme dos!

La cuestión, a mí parecer, es hacerte a ti misma las preguntas adecuadas: ¿me gusta? ¿Me siento cómoda? ¿Me hace sentir más yo? Si la respuesta es a las tres preguntas, ahí lo tienes.

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Parece fácil así escrito, ¿verdad? Pues os voy a confesar dos trucos para distinguir si una prenda te gusta y es más (me ahorro la pregunta de si te sientes cómoda con ella porque, en este caso, sería cuestión de hacer tres flexiones de brazos y cuatro sentadillas en el probador). Los trucos están sacados del libro The Curated Closet, de Anuschka Rees. Que por cierto, aprovechando que hoy es el Día del Libro, os recomiendo su lectura.

1. Cuando te pruebas una prenda y te gusta pero te sientes insegura o no sabes si llevártela o no, notarás que dos fuerzas tiran de ti: una que grita a pleno pulmón un rotundo, ya que por algo elegiste esa prenda para probártela, y que es más un sentimiento positivo, que te impulsa, como un «saber de tripas»; y otra, que empieza a echar el freno y, lo más importante, empieza a ponerle palabras: que si es demasiado noséqué, que si noséyo, que si no me atrevo, que si quévanapensar, etc., etc., etc. La primera de ellas sería indicativa de que la prenda te gusta y te hace sentir más ; la segunda sería reflejo de las inseguridades que todas tenemos.

2. Entonces, nos situamos: estás en el probador y ante esas dos fuerzas, ¿qué haces? No es fácil superar algunas inseguridades, pero por lo menos vamos a aprovechar esta información para conocernos mejor. Anuschka Rees recomienda ponernos en el mejor de los supuestos y jugar a pedir un deseo: si pudieras cambiar (o hacer desaparecer) eso que te molesta de tu cuerpo y que hace que te sientas insegura, ¿te pondrías esa prenda? Si la respuesta es sí, lo tienes claro.

Créeme: si pones en práctica estos consejos, obtendrás mucha información sobre ti misma. ¿Te animas a probarlo y a compartir tu experiencia y esas sentencias que nos repetimos una y otra vez? Quizá podamos argumentar en su contra juntas.

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¡Feliz semana!

Abrazo.

Fotos de la magnífica Miranfú.

Huele a especial siempre… con The Singular Olivia

¡Hola, hola!

¿Qué tal ha comenzado abril? Espero que fenomenal. Esta semana que ha hecho más calorcito mi rinitis ha empeorado (un clásico): llueve, calienta el sol, las plantas polinizan y Sara comienza a no querer tener nariz. ¿Alguna otra alérgica? Pues bien, con esto de los picores de nariz, he decidido hablar hoy de olores… Olores a primavera. Olores a especial. Pañuelo de papel en mano, os cuento que además de por la rinitis, esta semana se me ha hecho un poco más cuesta arriba. La fórmula es sencilla:

mucho trabajo + exigencias²

x cansancio acumulado

÷

la primera ley de Murphy

= Sara desorganizada y ansiosa

¿Que qué he hecho para volver a organizarme? Ir al gimnasio (como nueva) y tachán: ¡echarme un poco de perfume para ponerme a trabajar! Como trabajo desde casa, no me suelo echar, con lo cual ahorro mogollón en perfumes (pero, ¡eh! Que todo lo que ahorro luego me lo gasto, je, je).  Ese sencillo gesto de echarme perfume tuvo un efecto inmediato: me sentí más en mi centro, más preparada para trabajar. Los que trabajáis desde casa seguro que me entenderéis. Fue como un contacto directo con el mundo exterior, con el más allá de mi despacho, de las sudaderas y pantalones de algodón, de la soledad del teletrabajo, de la línea, que a veces se desdibuja, entre el trabajo y, básicamente, tu vida. Los olores son hilos que nos conducen a ciertos momentos o sensaciones e, incluso, a nuestro yo pasado. Y esta semana me han conducido a una Sara más centrada y especial. Esta es la razón que me llevó a escribir esta entrada. Os cuento, entonces, que utilicé uno de mis prefes de The Singular Olivia.

Roads: Harmattan Parfum.

Sin duda, es el más especial que he usado nunca. Es un perfume amaderado, oriental, misterioso, como de incienso. Sus notas de fondo son pachulí, incienso (violà!), sándalo (¡adoro el olor a sándalo!), haba tonka y mirra. Es extraño, pero cálido; único, pero a la vez familiar; sensual, pero relajante; me hace sentir arropada y especial, muy especial.

Ya puestos os cuento también qué otros de The Singular Olivia tengo en mi colección:

The Soap & Paper Factory: Marine Eau de Parfum. Es un perfume cítrico, con un toque de albahaca y té verde. Es como una brisa fresca y divertida y me teletransporta a una de esas largas tardes de verano cerca del mar. Es un perfume ligero con el que me pasa una cosa que no me había pasado nunca: ¡me pone de buen humor! Si os interesa, en la web podéis ver una amplia descipción del producto.

The Soap & Paper Factory: Stag Eau de Cologne (otro de la casa). Cuando quiero sentirme un poco más en contacto con la naturaleza e impregnar el baño (y mi ropa) en primavera (sin rinitis, afortunadamente) uso este perfume. La web lo describe muy bien: «Fresco como una caminata a paso ligero por la mañana en el bosque y acogedor como una noche por una fogata». Abeto siberiano, cilantro, cítricos y un toque de frambuesa. Sé que no es para todo el mundo; por eso es tan singular. Además, me hace recordar la tarde que pasé con mi amiga Laura probando perfumes en la tienda (suspiro).

¿A vosotros también os pasa que algunos olores os hacen sentir mejor o recordar sensaciones? ¿Sabíais que estas cosas ocurren porque el olfato está conectado con el área del cerebro que controla nuestras emociones? Yo creo que por eso en Olivia Soaps huele a especial siempre, porque lo tiene todo para poner en bandeja una sensación bonita, muy bonita.

¿Cuáles son vuestros perfumes favoritos cuando queréis sentiros especiales? ¡Contadme!

Abrazo.

Por cierto, cuando vengáis a Segovia, ¡pasaos por la Plaza Doctor Laguna y así conocéis la tienda! Luego me contáis. Y, creedme, las descripciones de la web son tan sensoriales que podréis disfrutar también de la experiencia de comprarlos en línea (y recibir esa sensación bonita empaquetada en casa).

*Edito para incluir el nuevo nombre: The Singular Olivia 😉

Marino y estilo

¡Hola, hola!

Son las 22:29 de un viernes muy productivo de una semana intensa de un mes cargado de sorpresas y después de unas 10 horas delante del ordenador traduciendo aquí estoy de nuevo, empezando esta entrada (pero es que escribir sobre esto me hace sentir tannnnn bien…).

Hoy quería hablaros de un color que he (re)descubierto recientemente: el azul marino. Es mi negro de verano y mi comodín de invierno. Reconozco que he estado años rechazándolo porque tengo muchísimas cosas negras y me repetía una y otra vez: «el negro y el azul marino no pegan». ¿Te suena? ¡Já! ¿Quién lo ha dicho? ¡Todo el mundo lo dice! Como le he cogido el gusto a eso de cuestionarme las cosas, combinar el negro y el azul marino no podía ser menos. Así que en esta entrada os voy a mostrar que el estilo va más allá de cualquier idea preconcebida, precepto o sentencia. El estilo tiene que ver contigo, con tu vida, con tus gustos, con la gente que te ha influido, con el arte, el entorno, el cine, la música… ¿Sigo? El estilo nos pertenece a todas y a cada una de nosotras, lo único es que lleva práctica y supone dedicarle tiempo y recursos y desechar unas cuantas ideas.

En este proceso de descubrir mi estilo me he dado cuenta de que las camisas son prendas que se adaptan a mi día a día, a mi (estilo de) vida y me hacen sentir bien. Vamos, que opté por una camisa porque las camisas me funcionan y de nuevo, como dice Andrea Amoretti, ¿por qué cambiar algo si funciona? Lo difícil es descubrir qué es lo que te funciona. Una vez descubierto, repite.

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Me interesa muchísimo este tema de descubrir tu estilo y lo que te funciona, porque no me gustaría ser solo una bloguera que muestra cómo combinar y enseña sus conjuntos con las prendas «de moda». Me gustaría despertar vuestra inquietud, la misma inquietud que me llevó a mí a escribir este blog.

A lo que iba: el azul marino es mi negro de verano porque cuando empieza a hacer calor me gusta tener una alternativa al negro (obviamente). Además, me encanta cómo queda el azul marino con azul marino (gracias, Ire, porque en esto me inspiraste tú), así que he ido probando conjuntos de marino y marino, marino y negro, marino y blanco y he descubierto que me gusta y que al desechar la idea del no pegan me he sentido fenomenal, más yo, más libre. Esta camisa en concreto es de Mango y junto a la sudadera salmón empolvado y otras prendas que ya os enseñaré conforman mi cápsula de primavera. Tiene una caída bonita y un corte clásico que hacen de ella una prenda fácil de llevar (y de lavar).

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Diría que tengo un estilo casual o informal, así que unas Converse blancas no podían faltar en mi armario y estas Navidades me las trajeron los Reyes. Estas sí que pegan con todo todito (de nuevo, Ire, ¡gracias! En el viaje a Wiesbaden tu conjunto del viernes despertó de nuevo mi interés por las Converse).

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Os cuento también que desde pequeña me ha gustado rebuscar en los armarios de mi madre y mis abuelos. Descubrir tesoros vintage es algo que me encanta y este bolso es uno de ellos; era de mi madre y ¡es negro!

Como veis, el estil(ism)o de esta entrada tiene que ver enteramente conmigo: mis ideas preconcebidas (el azul marino y el negro no pegan), la gente que me rodea (Ire, mi madre), la gente que me influye (Andrea Amoretti), mi día a día (trabajo en casa y los fines de semana me gusta ir cómoda, pero con un punto clásico), mis gustos (soy fan del negro y el azul). ¿Os atrevéis, entonces, a cultivar vuestro estilo cuestionándoos algunas ideas preconcebidas sobre vosotras mismas y la ropa, dando valor a lo que os define y dejándoos guiar por ello?

¡Ya me contaréis! ¡Feliz domingo!

Abrazo.

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¡Nos vamos de boda!

¡Hola, hola!

¿Qué tal? Espero que fenomenal y que hayáis llevado el bajón de temperaturas mejor que yo. Voy a aprovechar la entrada de hoy para hacer un inciso o reseña del estilo por el que opto y lo que a mí me funciona cuando voy de boda. La verdad es que es un tema que daría para más de dos y más de tres entradas, pero como este sábado he tenido boda y esta semana he estado dándole vueltas un poco al tema quería compartir con vosotros percepciones personales, muuuuuy personales, porque para el tema de las bodas soy muy tiquismiquis. La prioridad para mí es ir cómoda y sentirme yo. Por tanto, a la hora de decidirme por un conjunto u otro suelo establecer un diálogo conmigo misma en torno a dos premisas:

– Huye de lo obvio. Y diréis: ¿y qué es lo obvio? Pues lo obvio de los looks de invitadas de bodas para mí es lo que se espera, lo que te dicen, lo que hay que ponerse. Voilà! Las palabras mágicas: HAY QUE. ¡¿Hay qué de qué, cómo, cuándo y por qué?! Vale que dejemos que ciertas convenciones sociales y protocolarias influyan en nuestra decisión, pero también se puede optar por hacerlo con más o menos libertad. Lo importante es que sea lo que tú decidas y te sientas cómoda. Lo obvio para mí se manifiesta en los detalles y las texturas. Por tanto, huyo de los detalles excesivos de brilli, brilli, flori, flori y repeinadi, repeinadi (de repeinado, por si no había quedado claro); huyo también de las texturas tipo raso, tafetán, brocados y derivados (si algún día me caso ya tendré tiempo de descartarlos con más fundamento aún o enamorarme profundamente de alguno, pero en la actualidad como invitada en mi caso es un no rotundo). Hay mil tejidos y opciones más relajadas e informales ahí fuera. Repito que son solo mis percepciones y lo que a mí me atrae o deja de atraerme. Creo que es bueno conocer las/otras opciones (y saber que puedes ir diferente). Lo mejor es conocerte a ti misma y luego decidir.

– Juega un poco. ¿Con qué? Con los complementos básicamente. Eso de que los zapatos y el bolso vayan a juego o sean del mismo color o de la misma tela que el vestido es algo prehistórico y limitante; prehistórico porque está pasadísimo y limitante porque condiciona y limita la creatividad. Para elaborar un poco más esta premisa, voy a centrarme en tres puntos: cabeza, pies y manos, porque según Andrea Amoretti (y ya sabéis que soy uberfan de su trabajo) «los tres puntos más importantes de una imagen son cabeza, pies y manos». Totalmente de acuerdo.

  • Cabeza. Juega con tocados o sombreros si te apetece. He de reconocer que nunca he llevado ningún complemento en la cabeza a ninguna de las bodas a las que he ido (¿demasiado obvio quizá?). El caso es que si me decidiese a llevarlo seguramente sería un canotier sencillo o algo discreto de inspiración natural. Es más, me inspiraría en la peli Capitán Fantastic. Inciso: puede que le dedique una entrada a esta película porque para mí ha sido el peliculón de 2016. Ahora, sobre el pelo y los peinados os diría que optéis por lo natural: una coleta, una trenza, melena suelta, un moño de esos con los que vas al gimnasio o te haces para estar por casa. Huye de los acabados lamidos y los rulos hechos con compás. De nuevo: menos es más. Si no se te ocurren ideas dedica algo de tiempo a ver vídeos de peinados fáciles en YouTube y practícalos antes del gran día (aquíaquí y aquí tienes algunos; los que están en inglés son con música). También puedes buscar inspiración en Instagram o en Pinterest. Con respecto al maquillaje, opta por lo que a ti te funcione. A veces es mejor llevar un poco de máscara de pestañas y pintarte los labios de rojo que parecer un mapache y no reconocerte en el espejo.
  • Pies. Os cuento que tengo un pie muy, pero que muy estrecho con un dedo gordo grande/largo/rechoncho, con lo cual (casi) todo me hace daño. ¿Salones? Descartados: se me salen. ¿Sandalias? Se me escurren los pies, los dedos van pisando el suelo y parece que me sobra medio zapato. ¿Taconazos? Uf, ¡que lo que quiero es bailar y disfrutar! ¿Por qué opto entonces? Por zapatos que sean sencillos, me sujeten el pie, tengan tacones gruesos y bajitos o midi y sean cómodos. Como veréis más abajo, los de la boda de ayer cumplen todos estos requisitos (¡y son hechos en España!). Por cierto, ¡qué maravilla que vuelva a llevarse este ancho de tacón! Es tan retro, tan arty, tan cómodo, tan apropiado para los adoquines de Segovia… Je, je, je.
  • Manos. Le toca el turno al bolso. Os diría que busquéis bolsos pequeños, cruzados o de mano que no sean necesariamente de boda (ejem… brilli, brilli…). Mirad este de Parfois, o este o este otro o cualquiera de los mini de Zara. Desde que mis personas amigas comenzaron a casarse he invertido en dos bolsos, ni más ni menos. Uno es un clutch de Nice things que compré hace 6 o 7 años. Es de tela, con un cierre como de carey vintage (como esos de abuela) con un pez dibujado. Sí: un pez. He de reconocer que cuando he tenido que comprarme un vestido he tirado casi siempre por los mismos tonos o colores, con lo cual el bolso pez ha sido la guinda del pastel en varias bodas. El otro bolso es blanco, redondo, de Kling, con cadena dorada y una abeja bordada. Sí: una abeja (prometo que fue casualidad). Lo compré de segunda mano el año pasado. Este es el que usé en la boda de ayer y el que podéis ver en las fotos. Me han echado miradas raras y sonrisillas e incluso me han llegado a decir que si llevaba un rollo de papel higiénico colgado. ¡Qué biennnnn que llame la atención porque a mí me encanta! Es inesperado, fresco y diferente. Cierto es que de minimal tiene poco… Lo minimal lo suelo reservar para los zapatos.

  • Por cierto, mirad otras opciones de bolsos inesperados: este negro, este que se lo vi a una conocida y me encantó, este también me gusta. Las opciones están ahí, más escondidas, menos obvias. ¡Se me olvidaba! ¡Las uñas! Aquí también juego un poco. Para ir de boda llevo los mismos tonos que para pasar un fin de semana tranquilo en Segovia (como los que os dije en la entrada sobre el rosa, rojos, granates o tonos de los que yo llamo indefinidos). En la boda de ayer me decidí por el rojo anaranjado que podéis ver en la foto. Es el tono Clambake de Essie.

Bueno, pues creo que no tengo mucho más que añadir. Os avisé: soy un poco particular con este tema. Por cierto, una última cosa: en caso de duda, id de corto. ¡Siempre! De largo sólo van las madrinas, las testigos, las hermanas de los novios y las amigas íntimas si lo piden las novias (ahí queda dicho).

Pues nada, espero que hayáis pasado un fin de semana fantástico y que no se os haya hecho muy pesada esta entrada (prometo que iba a ser más corta).

¡Hasta el domingo que viene!

Abrazo.

Inspírate en el cine: Jackie

¡Hola, hola!

Esta entrada está dedicada a presentaros una de las secciones que va a tener mi blog (¡no podía aguantarme más porque las pelis se me van acumulando!): «Inspírate en el cine». Como podréis imaginar, buscaré inspiración en las películas que nos sirva para nuestros looks. Como sabéis, me gusta impregnarme de todo lo que me gusta impregnarme e ir al cine es una de estas cosas. Cuando veo una película, no solo sigo la trama y consulto la nota y críticas que tiene en Filmaffinity, sino que también me quedo con ciertos aspectos estéticos. Uno de ellos, cómo no, es el estilo, la estética de ciertos personajes; puede ser un complemento, una manera de ponerse una prenda o incluso un color.

En esta entrada voy a contaros con lo que me quedé, en lo que al estilo se refiere, de la película Jackie (2016), de Pablo Larraín, protagonizada por Natalie Portman. Antes de nada, quería deciros que me encantan las películas biográficas y si reflejan la vida de mujeres de la historia, más aún. Esta en concreto me ha sorprendido: los primeros planos, los saltos en la línea temporal que obedecen al relato que emite Jacqueline y a la sucesión de detalles que comparte con un periodista, la actuación de Portman (no esperaba menos) y ciertos momentos en los que la cámara se detiene. Jacqueline Kennedy fue mujer, amante del arte y la música, lectora habitual, madre y primera dama de los EE. UU. durante algo más de dos años (1961-1963). De la Jacqueline mujer, me quedo con la entereza y la fuerza que transmite Portman y que no es sino reflejo de una mujer que se conocía y se entendía a sí misma. De la Jacqueline amante del arte me quedo con su gusto por la historia y la moda. Los primeros planos del filme son de ella con una gabardina y un pañuelo atado al cuello. Me quedo con este detalle, el detalle del pañuelo de mano con nudo al cuello. Creo que es algo que podemos incorporar muy fácilmente a nuestros conjuntos, tanto que dedicaré una entrada entera a cómo hacerlo.

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Durante parte de la película lleva un jersey de cuello vuelto en un blanco roto. Me encanta: el color y el corte.

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En la escena en la que toca Pablo Casals en la Casa Blanca, Jackie lleva puesto un vestido liso de escote barco con guantes blancos y unos pendientes que me han gustado por lo excesivos que son. Serían la guinda del pastel, el toque inesperado, en un conjunto de básicos: jersey de cuello alto en negro, con pitillos también en negro, por ejemplo.

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*Foto de https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/42/24/3b/42243b87ca033dcac2a82fd8cf4b3696.jpg

Hay una parte en la película en la que Jackie deambula por las habitaciones privadas de la Casa Blanca probándose trajes, rebuscando entre sus cosas, en una huida hacia el abismo en el que parece haberse transformado su vida. Durante estos minutos se puede ver parte de su armario que destaca, a bote pronto, por su sencillez: líneas rectas, colores llanos, detalles clásicos. De esta escena me quedo con el vestido negro de escote con detalle cruzado con el que sale sentada a la mesa tomándose una copa de vino.

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¿Qué os parece? ¿Os gusta este tipo de entradas? Espero que sí (y que acabéis de leer con ganas de ver la peli).

¡Hasta pronto!

Abrazo.

Sigue la pista a este rosa

¡Hola! ¿Qué tal? Como esta semana ha empezado a hacer calorcito y apetece llevar prendas con más color (hoy hace peor por cierto), os voy a ir dejando unas pistas para que os inspiréis al construir vuestra cápsula de primavera.

¿Os gusta el color rosa? A mí depende del tono. Y es que hay un tono de rosa que lleva tiempo llamándome la atención. Es un tono como salmón empolvado, un rosa anaranjado que está entre el rosa pastel y el rosa cuarzo y que huye del fucsia o del rosa chicle de toda la vida (y que a mí, personalmente, me cansan). Es mucho más calmado y resulta fresco y ligero. Además, parece desvincularse de ciertas percepciones y ñoñerías asociadas al color rosa. Googlead un poco Pantone 14-1318 y contadme: ¿a vosotras qué os parece? ¿Qué os transmite?

Mi propuesta es la siguiente: ¿cómo incorporar este tono en tu armario si estás construyendo tu cápsula de primavera? Dado que lo que queremos es, en un principio, contar con un fondo de armario más neutro o básico con el que jugar después, yo os animaría a que incluyerais este tono en una pequeña dosis. ¡No todo va a ser blanco, negro, gris y vaquero! (¡O sí, como tú decidas!) Seguro que has leído mil veces lo de que los complementos son los que dan el toque final al look, ¿verdad? Pues estoy muy de acuerdo. Yo os propongo que os hagáis con un fular (este me encanta de Parfois), unos pendientes, un bolso,… ¡Lo que se os ocurra! ¿Sabéis cómo lo he incorporado yo en mi armario? Pues con esta sudadera de Bershka (foto de la web de Bershka).

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Opté por una sudadera porque en mi armario sí es una prenda básica muy versátil que me pongo mucho: con unas converse o deportivas blancas y unos vaqueros tienes un conjunto para un fin de semana tranquilote con los amigos o la familia; con unos pantalones de algodón y unas deportivas estás lista para subirte al avión; con un zapato plano (o de tacón, si eres de tacones) y unos culottes, tendrás un conjunto diferente y, a la vez, atrevido.

Seguidle la pista a este rosa la próxima vez que vayáis de compras. Ya veréis cómo después de leer esta entrada lo veis por todas partes. Si os gusta la idea de la sudadera aquí tenéis más opciones: H&M, Mango, &otherStories, Pull&Bear, Zara.

¡Ah! Otra forma de incorporar este color a tu estilo es con los tonos de uñas (los que me conocéis sabéis que me encanta probar tonos nuevos de pintaúñas —sí, con tilde, que eso dice la RAE— *flipando estoy, que lo acabo de comprobar*). Mira, estos tonos son parecidos (aunque algunos se acercan algo más al coral): Flormar (Salmon Pink), Essie (Haute), Shellac o Essence (Indian summer). Mi tono favorito sin duda es Eternal optimist de Essie. Lo tengo desde hace un par de años y me encanta. Es un tono nude rosa empolvado o maquillaje; es verdad que tiene subtonos morados, pero en mi cápsula de pintaúñas es un básico (sí, también habrá una entrada sobre este tema porque soy muy fan de los tonos neutros y sí, también habrá una entrada sobre cómo hacerte con tonos de Essie más baratos). Os dejo una foto para que veais el tono con luz natural.

Soy consciente de que la mayoría de los esmaltes de Essie contiene ftalatos (si te interesa saber más acerca de esta sustancia, haz clic aquí), entre otras muchas porquerías. Afortunadamente (si la cosa puede tacharse de fortuna…), no tienen ningún derivado del Timerosal y del Kahton CG. Llevo ya tiempo “desintoxicando” mi rutina de belleza con productos más naturales y con certificaciones eco. Voy poco a poco porque, hay que ser realistas, estos son más caros. Pues bien, con ese objetivo he buscado alternativas de esmaltes de uñas más depuradas:

  • Mavala. No contiene parabenos, formaldehído (ni sus resinas), tolueno, ftalato de dibutilo (DBP) ni alcanfor (cfr.). Podéis encontrar esta marca suiza en El Corte Inglés (y creo que en algunas farmacias de Segovia también los tienen). El tono que he encontrado que va en la línea de este rosa es Pink Boudoir. El precio ronda los 6€.
  • Kure. Esta marca contiene un 85 % de ingredientes basados en sustancias naturales (cfr.). Me han gustado Dolce, que tiene subtonos mecolocotón, y Lily rose. En este portal los venden. El precio son 16€.
  • Fedua. Esta marca italiana es 5-free (no contiene las 5 sustancias más tóxicas que suelen contener los pintaúñas). Además, su acabado es efecto gel. Están disponibles en Oliva the shop (¡gracias, Paula, por acercar a Segovia productos así!). Por si alguien no lo sabe ya (no creo que quedéis muchas, je, je), me encanta la filosofía que está detrás de Olivia Soaps y para alérgicas de Segovia como yo, ha sido un soplo de aire fresco y bonito, muy bonito (tenéis que conocer la tienda: Plaza Doctor Laguna, 2). A lo que iba: me encanta el tono Safari rose (no creo que tarde en caer…). El precio son 18€.

Al final me he liado y ha quedado una entrada bastante larga. Por cierto, seguramente dedique más de dos y más de tres entradas en el futuro al tema de los tonos de uñas en general y a la búsqueda y testeo de pintaúñas más naturales.

¡Espero que esta entrada os haya inspirado! ¿Queréis saber qué más he incorporado a mi cápsula de primavera? Os lo cuento la semana que viene 😉

Abrazo.

Fotos de Ale LS, que estoy a ver si la convenzo a que se haga Instagram.

¡Ah! Y atentos que se avecinan otros tonos de rosa en esta y próximas temporadas…

*Todas las fotos de pintaúñas están sacadas de Google Images.